viernes, 19 de octubre de 2012

Levántate, marginado

villetaLa palabra se encadena y las ideas se subordinan. El hombre es esclavo del poder que otros ejercen contra él. Su palabra se la borran por la auto censura, y sus ideas, por medio o por un plato de comida, se la borran.

El hombre es libre cuando decide luchar por su libertad. Poco importa que grillete aprisione sus piernas o sus manos. Desde el momento que se busca la redención, se comienza a ser libre.

Ya lo dijo el salmista…Y conocéreis la verdad y la verdad os hará libre. La lucha por la libertad, en cualquiera de sus vertientes, ha sido la más terrible de la humanidad, y la que siempre queda inconclusa.


De hecho, en la historia universal hay más momentos de lucha a brazo partido por las libertades, que la consecusión real del derecho de todos los seres humanos a vivir en integridad plena.

La implementación de la conquista de América fue un acto negador de la libertad. Los españoles sometieron a los indígenas, establecieron colonias, y mantuvieron su dominio hasta que nuevas fuerzas imperiales llegaron y los desalojaron del poder.

Hoy, el hombre tiene su libertad en un hilo, está pendiendo el derecho a pensar. Los modernos medios de comunicación y cibernéticos lo tienen hecho un convidado de piedra, donde sólo escucha y es incapaz de poder hilvanar sus pensamientos.

Los conceptos de la moda y las tendencias, lo subordinan a patrones de temporada, donde  sólo se utiliza como un agente para el intercambio comercial. En las computadoras, es un .com y nada más.

Pero todavía hay una lucha pendiente, que es la de la redención del ser humano. No como factor religioso. Las guerras más sanguinarias de la humanidad estuvieron detrás de principios religiosos. Además, en la era de las creencias, se llevó a la hoguera o la guillotina a todo el que se atreviera a pensar.

La lucha que está pendiente es por lograr la igualdad de los seres humanos. Lo proclamó la revolución francesa, pero no pasa de ser una frase  en la biblioteca de  un libre pensador.

La principal igualdad y libertad la da la factibilidad económica. Donde los hombres se pelean por un medrugo de pan, su libre  alternativa es una ilusión.
Para pensar en un hombre libre se le tiene que asegurar la alimentación. El trabajo, la integración social y hacer que renazca en él la fe y la esperanza.

En la República Dominicana podemos construir ese hombre nuevo, pero para ello tenemos que mejorar las condiciones generales de vida de la población.  Para levantarse de la muerte espiritual, es necesario no una voz que diga ¡Lázaro levantate!, sino programas sociales que garanticen la supervivencia.

Manuel Hernández Villeta

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